martes, 20 de enero de 2009

El arca de las tres llaves

En esta sección a cargo del historiador Juan Carlos de la Mata pretendemos sacar a la luz aquella documentación dispersa concerniente a la Semana Santa de Benavente y a sus cofradías, así como algunos textos que a lo largo de varios años se han ido publicando en distintos libros y revistas por el autor, en especial sobre la Semana Santa de Benavente.

Enlace en la web: El Arca de las Tres Llaves

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La imagen que ilustra el acceso a la sección recoge un arca “de tres llaves”, sin duda similar a los que poseyeron las cofradías más antiguas de la Semana Santa de Benavente. El arca de la fotografía, perteneció a la cofradía de Nuestra Señora de la Misericordia y se conserva en la iglesia de Santa María del Azogue. Se trata de un arca de madera con herrajes y tres cerraduras. Inscripción frontal: ESTA· ARCA· ES· DE· NUESTRA· / SEÑORA· DE· LA· MISERICORDIA· / DE· BENAVENTE· El interior dividido en dos compartimentos. La presente arca debió de servir para la custodia de libros, documentos, vestiduras y ornamentos sagrados pertenecientes a la institución.
La existencia de tres cerraduras en estas arcas está en relación con la necesidad de la concurrencia de los principales cargos a directivos para su apertura. El hecho de que las llaves del arca no estuvieran en manos de una sola persona proporcionaba mayor seguridad de su contenido. Con el sistema de las tres llaves, y en manos de personas distintas, se trataba de evitar el acceso individualizado y no controlado, además de los peligros de una incorrecta o sesgada utilización. La apertura del archivo se realizaba con la mayor solemnidad y normalmente con motivo de reuniones de cabildo de la cofradía.
El lugar de custodia del arca ha ido variando en el tiempo, obligada por el aumento del volumen de documentos, desde el cofre o el arca situado en la propia sala de juntas, a los armarios divididos en cajones y estantes de siglos posteriores. Generalmente las arcas de las escrituras se construían en madera de pino. Éstas tenían una serie de cajones con dos puertas, cerraduras y llaves, dentro de los cuales se encontraban todas las escrituras y privilegios de estas instituciones. Las escrituras debían estar ordenadas según su naturaleza en una serie de paquetes, en los que podían agruparse escrituras y censos, censos y tributos o escrituras y privilegios. Un cobertor de cuero o pergamino con el título de las escrituras que contenía, identificaba el envoltorio para que fuera más fácil encontrar lo que se buscaba.
En las visitas efectuadas periódicamente por los fiscales eclesiásticos para la supervisión de las cuentas y bienes de las cofradías, en ocasiones se llega a distinguir entre dos lugares de archivo, el principal, que solía estar en un arcón depositado en la iglesia parroquial, ermita o en un monasterio, y en ocasiones protegido en una capilla tras unas fuertes rejas, donde la consulta o movimiento de las escrituras resultaba complicada. En este primero y más antiguo se conservarían las escrituras y documentos fundacionales de la cofradía. El otro, que podemos denominar archivo administrativo, estaba también custodiado en un arcón con varias cerraduras, y se conservaba en la sala de juntas o en una cámara designada a tal efecto. En él se contendrían los libros de acuerdos de la cofradía y los papeles de manejo más habitual o de asuntos en trámite, que habrían de estar al alcance de los mayordomos y oficiales de la misma, y no en el domicilio del escribano o del mayordomo, como era muy frecuente. Cuando se entregaba a alguien una escritura, el depositario estaba obligado a devolverla en un plazo determinado, quedando constancia de ello.
En algunas cofradías estas arcas, ya fuesen de una o de tres llaves, darían paso posteriormente, y tras el consiguiente incremento del volumen documental, a la utilización de un mueble cerrado con dos puertas y con varios departamentos. Si bien esto último implicaba tan sólo a las cofradías más poderosas en las que el arca de escrituras podría constituir en ocasiones un armario-escribanía que no se ajustaba ya al modelo de arcón tradicional. Con todo ello se procuraba tener localizadas, perfectamente conservadas y accesibles que pudiesen constituir pruebas documentales necesarias en los pleitos que la cofradía hubiese de sostener en defensa de sus intereses con particulares e instituciones. Estas arcas son una prueba de la necesidad que a lo largo de la historia ha existido por conservar y testimoniar los soportes físicos que contienen la información.El incendio o saqueo de un archivo es una acción llena de valores simbólicos, el medio más directo de arrebatar la memoria de una comunidad, de reducir a cenizas los testimonios escritos que avalan su legitimidad. Los mayores daños forman parte de las acciones genéricas de pillaje que padeció la villa durante diciembre de 1808 y el primer trimestre de 1809. Así sabemos que en Benavente, por ejemplo, el arca del Hospital de San José de Convalecientes fue expoliada, siendo previamente forzada su cerradura. Otras arcas, como la perteneciente a la Cofradía del Rosario, que se custodiaba en la sala de juntas de la misma, sita en el Hospital de San Juan de Letrán (posteriormente conocida como Casa del Tinte), fue incautada por las nuevas autoridades del ejército invasor. Otras de estas arcas, pertenecientes a diversas instituciones benaventanas (conventos, cofradías, hospitales, iglesias, etc.) corrieron pareja suerte.

Juan Carlos de la Mata

2 comentarios:

Javi dijo...

Muy interesante el artículo!! por cierto me encanto el programa del año 30 una auténtica joya

Atticus dijo...

Un blog muy interesante. Animo