viernes, 6 de enero de 2012

Adoración de los Reyes


Adoración de los Reyes

Retablo de San Ildefonso
Escuela de Juan de Borgoña y Lorenzo de Ávila, siglo XVI
Iglesia de San Juan del Mercado - Benavente


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EL REY NEGRO QUE TIENE LOS PIES BLANCOS
Juan Carlos de la Mata Guerra

En la iglesia de San Juan del Mercado, y concretamente en el muro de su nave norte, se encuentra un bello retablo compuesto por diversas tablas, entre las cuales llama poderosamente nuestra atención la que representa la Adoración de los Reyes. La escena transcurre entre arquitectura de ruinas clásicas, en la que se representan arcos y entablamentos. En el horizonte se abre un paisaje de árboles y vegetación, apreciándose al fondo una ciudad amurallada.

La Virgen se representa aquí sentada de frente y con la mirada baja, como observando al Niño que desnudo y rubicundo sujeta sobre sus rodillas. Los tres Magos de Oriente lucen ricos y vistos ropajes, portando dorados ciborios o copas en los que portan sus presentes.

Llama la atención los tocados o sombreros de los Magos sobre los que se asientan áureas coronas como prueba y símbolo de su realeza. Arrodillado el rey Melchor se nos presenta como un anciano de cabello y barba blanca que se ha despojado de su corona, la cual ha colocado en el suelo a los pies de la Madre y del Niño como muestra de respeto. Luce éste ropas con brocados y mantos de armiño. Por su parte Gaspar señala la estrella dorada que resplandece sobre la Virgen, al tiempo que gira la cabeza para participar de tal acontecimiento a su compañero Baltasar, quien se encuentra a sus espaldas. Despierta la atención el exótico tocado del rey Baltasar, que a modo de sombrero se encuentra decorado y rematado con una especie de ave.

¡No, no se frote usted los ojos! Tal y como se puede observar, el rey Baltasar efectivamente tiene los pies blancos

Una visión detenida de la tabla de la Adoración de los Magos del retablo de San Ildefonso, existente en la iglesia parroquial de San Juan del Mercado de Benavente, nos permite apreciar en ella cierta anomalía fisiológica, racial, pictórica, iconográfica, o como la queramos denominar. En la obra, probablemente realizada por Juan de Borgoña, o algún discípulo de su escuela o la de Lorenzo de Ávila, de representar descalzo y luciendo espuelas al rey Baltasar, lo cual podría indicar quizá que viajaba a caballo. Sin embargo lo que causa más hilaridad o extrañeza el hecho de que el autor se tomó la licencia de representar los pies y piernas del rey Baltasar como blancas, en contraposición a su rostro y manos que son negras, tal y como corresponde a la representación que tradicionalmente se hace de este personaje.

Diversas interpretaciones se han dado sobre tal hecho, el cual causa en el espectador cuando menos sorpresa. Para algunos ello se debe a que al artista sencillamente se le acabo el betún de Judea, o alguna otra materia con la que conseguir el pigmento negro con el que rematar el cuadro y concretamente la figura del rey africano. Quizá para otros fue ésta la única forma posible para lograr resaltar y hacer visibles las espuelas que lleva este mago “de Oriente”, toda vez que las mismas no resultarían perceptibles en el caso de que la pigmentación de las extremidades inferiores fuesen representadas, como el resto de su cuerpo, también negras.

Otros, más proclives a la leyenda, interpretan que el maestro que realizó la tabla quiso vengarse de alguna forma del donante y generoso magnate que financió la ejecución del retablo o de los capitulares la Cofradía de San Ildefonso que se lo encargaron, quizá porque no le pagaron a tiempo o en su totalidad la cantidad concertada. Personalmente me inclino a la interpretación de que tal vez con ello el autor tan sólo quiso llevar a cabo un guiño cómplice hacia el espectador. Y también, ¿por qué no?, solamente conseguir provocar con ello una sonrisa en aquel que se percata de este error intencionado, diablura burlesca o simplemente licencia del artista.