lunes, 11 de abril de 2011

Pregón de un Nazareno

Francisco José Rebordinos Hernando, hermano de nuestra Cofradía, fue el pregonero de la Semana Santa de Benavente 2011

El joven pedagogo e investigador Francisco José Rebordinos Hernando, que es hermano de nuestra cofradía fue, en la tarde-noche del pasado Viernes día 8 de Abril, el pregonero de la Semana Santa de Benavente 2011. El joven pregonero comenzó dedicando con gratitud y el recuerdo sus palabras a la memoria de sus antepasados y familiares que comparten la paz de Jesucristo, algunos de los cuales fueron hermanos de la Cofradía de Jesús Nazareno. Calificó de verdadero honor, como benaventano, el hecho de ser el pregonero este año de nuestra querida Semana Santa, aunque ello, dijo «supone un importante reto y una gran responsabilidad; pero es algo muy especial para mí y que hago con mucha ilusión, puesto que son unos momentos que he vivido desde muy pequeño, sobre todo en mi condición de cofrade de la hermandad de Jesús Nazareno».

El Pregón estuvo estructurado en tres partes claramente diferenciadas en las que nuestro hermano realizó sucesivamente un recorrido filosófico-espiritual e histórico-didáctico por nuestra Semana Santa, para finalmente concluir con unas palabras sobre sus vivencias y experiencias personales con respecto a la misma. Inició así su exposición con una serie de reflexiones en torno al significado de la Semana Santa y el mensaje de Jesús de Nazaret en la sociedad de nuestro tiempo. A este respecto señaló: «debemos ser conscientes que para construir el presente y proyectar el futuro no podemos prescindir de esas profundas raíces espirituales que afirman el mensaje y testimonio de Jesús». A continuación llevó a cabo un recorrido por el pasado histórico de Benavente, deteniéndose en cada uno de los momentos más relevantes del culto a la Pasión del Señor, sus cofradías y procesiones. Este camino se llevó a cabo de una forma muy didáctica, al tomar como hilo conductor del discurso, y siempre como referencia el desempeño del oficio de imaginero o entallador en la antigua villa. Oficio que abordó de una forma diacrónica en relación con la imaginería procesional de nuestra Semana Santa, describiendo los diferentes momentos históricos y estilos en que distintos artistas y artesanos asentados en la villa desde la Edad Media, desarrollaron su obra. Precisamente a decir de Rebordinos es el periodo medieval donde reside el origen de las manifestaciones procesionales de la Semana Santa, para conformarse decisivamente durante el periodo del barroco hasta alcanzar los tiempos contemporáneos. En todo este recorrido que tuvo como trasfondo la Pasión local, se aportaron datos e informaciones hasta ahora desconocidas, como el de establecer la primera procesión de la que se tiene noticia en Benavente, como «era la del Domingo de Ramos, que ya tenía lugar en 1434 en torno a la parroquia de Santa María de Renueva».

El perfil profesional del autor, licenciado en pedagogía vino a enmarcar y definir buena parte de su intervención, ya que en ella puso énfasis en el valor didáctico y pedagógico que llevan aparejado estas manifestaciones de piedad popular, y que son a la vez también manifestaciones artísticas y un fenómeno sociológico. Francisco José Rebordinos dejó de manifiesto a lo largo de su alocución del hecho significativo de que con respecto a las procesiones de la Semana de Pasión existe un antes y un después del Concilio de Trento, puesto que sería a partir de entonces cuando se ponga decididamente un mayor énfasis en extender la enseñanza de la doctrina a todos los fieles. Por este motivo vino a resaltar el hecho de que, en aquella sociedad iletrada, los pasos e imágenes van a cumplir perfectamente «su misión didáctica, acercando al pueblo llano a la vivencia de la Pasión del Nazareno sin dificultosas complicaciones teológicas». En un tercer apartado el orador se mostró más particular e intimista, centrándose en las experiencias vitales y personales con respecto a la Semana Santa local. Este itinerario lo expuso en primer lugar en su condición de cofrade de la Hermandad de Jesús Nazareno de Benavente, a la que pertenece desde muy pequeño por estrecha vinculación familiar, pero también lo abordó desde un detenido acercamiento a la estética de las procesiones y a la plástica escultórica derivada de su gran afición particular por la fotografía. Para ello se detuvo en cada una de los desfiles procesionales, los pasos o grupos escultóricos e imágenes, destacando en cada uno de ellos sus peculiares matices y singularidades.

Finalmente, desde su estrecha vinculación familiar y personal al mundo de la música, y en particular a través de su experiencia personal y su participación durante más de una década en nuestra Semana Santa, ya que formó parte de la Banda de Cornetas y Tambores del Ayuntamiento de Benavente que dirigía su padre, José Rebordinos, el joven pedagogo e investigador, y especialmente hermano de nuestra cofradía nazarena, expuso desde una experiencia sonora «cómo tiene la Semana Santa sus propios sonidos. Sonidos particulares e inconfundibles…».
Especial detenimiento y consideración dedicó hacia nuestra Cofradía de Jesús Nazareno, y cómo no, a su señera Procesión del Encuentro de la mañana del Viernes Santo. El hermano Rebordinos tuvo a lo largo de su pregón emocionadas palabras para nuestra cofradía y sus imágenes. Así en un momento de su discurso, se dirigió a los presentes con estas sentidas palabras, de las cuales extractamos este resumen:

«Permítanme pues que dedique unas palabras a la cofradía a la que pertenezco, a la que pertenece mi padre y hermano, a la que perteneció mi abuelo. A su venerada imagen que representa a Cristo portando la Cruz y en actitud de marcha hacia el más alto y generoso de los sacrificios, y de la cual señaló don Pascual Madoz en su célebre diccionario histórico: … es de escultura admirable, se encuentra en la Capilla de Jesús, esculpido con tal perfección que parece tenga vida.
Y qué decir de la Dolorosa imagen de finísima elegancia y gesto de dolor contenido. De la que se ha dicho que hay en ella como un gesto de dolor sereno y callado en el sufrimiento.
Una especial y particular afición a la fotografía me ha permitido plasmar durante varios años contemplar desde otra óptica, detrás de la cámara, este recorrido procesional. Y puedo decir que esta procesión es a mi juicio muy distinta del resto, pues tiene una luz y unos valores estéticos y plásticos diferentes. Cuando los cofrades acompañan en la alborada de Viernes Santo a Cristo camino del encuentro con La Madre Dolorosa. Cuando en su desfilar los primeros rayos de luz se cuelan por las callejas al paso de la comitiva procesional, parece como si las formas y colores se fueran haciendo cada vez más tersas. La luz poco a poco va ganando terreno, adquiriendo fuerza y las siluetas de los hermanos nazarenos destacan cada vez con más nitidez. El morado de las túnicas contrasta con el amarillo o añil de los caperuces y cordones en refulgencias doradas.
A estas horas cuando se retiran los últimos noctámbulos, cuando la ciudad comienza a desperezarse, en los silencios de la mañana el repiqueteo de las varas de los hermanos en el pavimento se hace más perceptible, y entonces en estos momentos, entre rezo y rezo, entre cántico y cántico, entre oración y oración, es cuando el cofrade puede mejor mirar hacia su interior, desde el anonimato que le proporciona mirar en silencio, mirar hacia dentro y encontrarse, como Jesús se encuentra con su Madre camino de la muerte, y encontrarse consigo mismo.
Durante todo el recorrido, las imágenes son arropadas por los benaventanos que rezan el Santo Vía Crucis. Al llegar a la Plaza Mayor tiene lugar la ceremonia del Encuentro de la Virgen Dolorosa y Jesús Nazareno. Al concluir la procesión y antes de entrar en el templo los fieles cantan la vibrante Salve a la Virgen. Momento culminante donde aflora el más profundo sentimiento de los asistentes.
Ante todo hay que tener presente que no es esta una procesión para contemplar al paso sino para participar. Todo el que acude acompaña a las imágenes y lo hace por fe y devoción. No hay aquí marchas fúnebres ni redobles, tan sólo el sonido bronco y lastimero de la trompera que marca las paradas y reanudación del recorrido tras el rezo del Vía Crucis en casa una de las estaciones. No es difícil escuchar a los devotos de Jesús y de La Dolorosa musitar oraciones y súplicas, como la anciana enlutada de blancos sienes, que en el ocaso de su existencia, con gran esfuerzo acompaña, como hace desde siempre, como todos los años a Jesús, y que al concluir la procesión se despide de su venerada imagen con lágrimas en los ojos y unas sentidas palabras: ¡Jesusico que el año próximo pueda acompañarte otra vez!»

El discurso de nuestro hermano cofrade y joven Pregonero resultó en conjunto ameno, sugerente y reflexivo a la hora de aproximarse al fenómeno religioso y cultural que es la Semana Santa. Especialmente, dada la formación de su autor, su contenido en algunos momentos se mostró técnico o educativo-didáctico, pero a la vez fue también emotivo y vibrante en muchos otros. De una forma brillante Francisco José Rebordinos abordó en su discurso la Semana Santa de Benavente desde diferentes ángulos, ópticas y experiencias. Por dirigirse a un público mayoritariamente local trató de acercarse con su palabras principalmente a sus potenciales oyentes, es decir, a los cofrades y fieles en general, participándoles de sus vivencias compartidas con respecto a la Semana Santa, pero también supo resaltar sus valores y atractivos para todo el que quiera acercarse o muestre interés por Benavente y su Semana de Pasión.

Juan Carlos de la Mata
Miembro de la Junta Directiva de Jesús Nazareno

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Fotos del Pregón en interbenavente.es